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2005年5月 De mis cuentos cortos; Vol IFrente al Retén 010403. 1.0. Alexis Trujillo R.
Felicitar a una nueva madre. Momento de recordar si uno ya lo es o por qué no lo es aún. Padre o madre, digo. Pensamientos encontrados: los niños pueden ser atroces o divertidos; ambas cosas inclusive. No llevo regalos y me lo repruebo: ni las flores ni los escarpines amarillos de rigor. Me pesa que adentro está Alejandra, con su bebé nuevo, con su madre, que me cae tan bien. Me detengo un rato fuera del cuarto, 114, una enfermera me pregunta la hora, se la doy, me le quedo viendo y se me parece a alguien que no preciso. El ruido de un televisor prendido delata ocupantes ahí dentro. Alguna vez me imaginé una escena así, aunque un poco distinta, con la propia Alejandra como madre de un hijo mío. En mi memoria, decantada la figura por tiempo y por imaginación, la vi hermosa y lozana, protagonista ella y no el bebé. Se veía fuerte, cariñosa. Sé que en el entonces deseé fervientemente que pasara, aun a costa de yo estar con alguien más o que Alejandra tuviera a otra persona. Pude haberme ido de ahí, hacerme el muerto, pensando que era lo mejor. Hay pasados que están mejor con polvo encima. Curiosidad. ¿Remordimiento?. Respirar hondo. Tocar la puerta. No hay respuesta. Entro, escudándome en una sonrisa. Ahí está. Tengo alivio de verla bien, entera y bonita, rodeada de flores y globos, hinchada y con las raíces del cabello teñido oscuras. Radiante, empero. Se lo digo y lo sabe ya por mi expresión: tiene el sexto sentido de las madres, pero pensé que tardaba un poco más en desarrollarse. Bromeamos un poco y le pregunto por los demás, que están en el retén viendo a la niña (una niña, ¡qué tal!). Ya sabe que no la conozco aún y quiere saber si se me parece a ella. Llegan todos a la habitación, saludo al padre y la madre de Alejandra, a su hermana, un tío, dos compañeras de trabajo, su comadre (siempre olvido cómo se llama), una multitud. Salgo. El padre de Alejandra me pregunta por el trabajo: en fotografía no hay muchos contratos y uno aprovecha los dos o tres que hay al año. Me habla de la Universidad y sus clases: los alumnos son cada vez más, pero menos preparados. Le digo que ya no me acuerdo de ese período de mi vida. Ahora sale la madre y me pregunta cómo ando, que por qué tengo tanto tiempo desaparecido. Conversación cordial, me río con un par de cosas que me cuenta, alabo su nuevo peinado. ¿Viste a la bebé? Se parece a mí. Está tan feliz. Hacía tiempo que quería un nieto. Viene una enfermera, salen todos de la habitación y una voz unánime invita al cafetín. Prefiero rezagarme y buscar un baño cerca. Lo consigo. En verdad que Alejandra se ve bien, pienso. Algo así ha debido ser si hubiéramos estado juntos. Veo en el pasillo a la enfermera y anuncio un “¿se puede?” en la puerta de la habitación. Me sacaron la sangre, me dice. Ven y siéntate, ¿viste a la bebé?. No puedo contestar. Estas visitas son para ver a madre e hijo, llevo la mitad de la misión cumplida, pero no sé por qué no fui a ver a la niña y le digo que después, que ahora prefiero cuidarla mientras los demás están comiendo. Es raro que me dejen sola, más en estas circunstancias, pero, tú sabes, médico no ve al hijo como paciente, sino como hijo. Bueno, versión larga: En casa de herrero, cuchillo de palo. Reímos. Mismos cuentos: trabajo, calor, gobierno, ¿ya aprendiste a cocinar?, calor, ¿todos esos ramos, admiradores tuyos o por la bebé?. Plato fuerte: ¿cómo es eso de dar a luz?. Alejandra me describe una sensación que, ya sabe, no entenderé. Me dice que todas las paradojas, todas las contradicciones, son paralelas y una sola y ocurren en ese momento. Se me ocurre que Dios es algo parecido y convenimos que sí, que es una de las maneras en las que nos acercamos a Dios, naciendo o alumbrando. De ahí me hace un comentario sobre la Rueda de la Vida y el Aleph; le repongo un argumento tonto de Los Vedas. El tema nos ha puesto un poco fríos, más a mí que a ella, y observo que en realidad yo soy siempre así, mientras ella rebate que hace unos años eso no era así entre nosotros dos. Tiene razón. Lo acepto. Se lo acepto. Se lo agradezco. Suena un celular, lo busco entre carteras y flores, se lo paso, es el de la hermana. Siempre lo olvida, esta muchacha, haló, y pienso en la pregunta. Soy tan seco a veces que paso por desatento. Hay cosas que no se preguntan, después de todo, o aspiro a que todos sean tan cerrados como suelo ser yo. Cuelga: es el novio de la hermana (¿Aún novio? ¿No se han casado todavía?) preguntando por el parto. Me dice que estoy delgado, que qué me pasó que me perdí por tanto tiempo. No hay explicación definitiva, lejos de que cada quien se ocupó de su vida y punto, y pregunto por la niña, que debería estar con la madre. Está en una incubadora. Nada serio, debe salir esta tarde o en la nochecita. Prométeme que vendrás a cargarla. Claro, claro, que la voy a cargar. Antes de hablar me interrumpe: es raro que no me hayas preguntado por el padre. Es cierto, es raro. Se están separando, el tipo está de viaje, hay gente así. No es su primer chamo, después de todo. Me encanta que estés aquí. Le pregunto si lo extraña y me dice que no puede ocupar su mente en otra cosa que no sea la niña. ¿Cómo se va a llamar esa pequeña redentora?. Alejandra, me dice. Alexandra sería mejor, o Alexita, le digo, y reímos. Este es el punto de giro. Debería irme y sólo han pasado 10 minutos. Me ve mirando el reloj y sé que se ha ofendido un poco, le digo que no me lo tome a mal, que debo hacer otras cosas y que voy a volver y le estoy agarrando el cabello y eres un mal amigo por irte y yo que no y espera a que vengan, no me vayas a dejar sola, recuerda que te prometí que cargaría a la bebé, voy a volver, y la he mirado con los ojos de entonces porque así la he visto a ella antes y hay un temblorcito en la voz, hasta un tartamudeo, y no te vayas, chico, y la beso. La estoy besando ahora y no sé por cuánto rato lo he hecho y aquí hay sed y entrega y ansia y empeño y revancha o vergüenza y tantas otras cosas importantes o insulsas que se interrumpen porque suena la puerta y yo he saltado hacia atrás como un resorte. Hemos puesto cara adolescente, sudando en aire acondicionado. Es imposible creer que todos no se hayan dado cuenta, pero todos somos políticos, todos somos adultos, hay una bebé esperando, las flores, el reencuentro, lugares comunes, preguntarle a la hermana de Alejandra por su novio, ¿Cuándo se casan por fin?, hacerle fotos a la bebé en estos días, el calor, siempre el calor en la conversación. Otros llegan y se refresca el ambiente. Cada vez que cruzo miradas con Alejandra nos estamos besando de nuevo. Es infantil. Es necesario. Es divertido. Es tarde. Me voy y la despedida se alarga en promesas de volvernos a ver y celebrar el nacimiento de la pequeña Alexita, porque tiene que llamarse Alexita, el mundo sería mejor si los bebés se llamaran como yo. He dejado, por supuesto, para lo último despedirme de Alejandra, le he dicho al oído que no pienso dejarla y que voy a volver mañana. Sus ojos me hablan de algo más, tan abiertos, aunque me dice casi susurrando lo sé, te espero.
Me gusta sonreír así, como sin motivo. Supongo que los demás creerán que estoy loco o simplemente feliz. Entiendo por fin el chiste de caminar y ver a los demás en cámara lenta. Ahora estoy viendo a la pequeña Alexita, o Alexandra, en realidad, y sí, se parece a Alejandra. Mañana la oleré y me conectaré con emociones más básicas, más sencillas. Soñar con esas cosas no es difícil y creo que lo haré más seguido y me he dado cuenta un poco tarde, o al menos después de esta señora que me está viendo frente al retén. ¿Tres kilos ochocientos?, me dice, y se mueve como una bailarina, caray. Dicen que los bebés cogen la forma de los padres después, pero la niña ya tiene sus ojos. ¡Míreme esos ojotes!. Debe estar bien emocionado, usted. No tiene idea de cuánto señora, no tiene idea de cuánto. 引用通告此日志的引用通告 URL 是: http://fotpro.spaces.live.com/blog/cns!BA047BDB9CBAB5AA!158.trak 引用此项的网络日志
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