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June, 2005 MijaresMijares Atrujillo 290605
Mi nombre no importa, hoy puede ser Carlos, Alberto, Benigno, pero mi apellido es Mijares. Nadie se fija nunca en un personaje secundario. He leído de mí en varias cosas de Alexis Trujillo, o Atrujillo o Alexis Trujillo R. o Pepín Sputnik, según le provoque, pero no digo nada. Me menciona y ya, de relleno. Una vez fui Luis Mijares y sólo recordaron que yo trabajaba en promociones de productos y hasta celebraron que me iba bien con las promotoras que me conseguía. Me es difícil imaginarme bailando o tirando con una promotora (¡Por Dios! No tengo ni la mano ni la paloma para tirar ni un pajazo). Ni siquiera sé si soy alto, calvo o gordo o si tengo lentes, porque Alexis me esquiva y le sigo siendo recurrente. En estos días iba a volver al ruedo: un personaje se llamaba Juan Mijares y era actor de televisión, un poco mayor, quizás, pero a última hora a Alexis no le pareció mejor sino llamarlo Juan Müller, cosa que, viéndolo bien, hasta le agradezco. Entre todos los personajes los menos tratables son los que tienen que ver con el cine o la televisión. Se la dan de una vaina. No sé por qué Alexis la cogió conmigo, por qué me nombra si igualmente no voy a hacer más nada sino figurar de lejos. No soy yo solo, sin embargo. Cada tanto aparecen unos niños. Los llamamos Los Morochos, pero nunca aparecen juntos. Se alternan y a veces les ha tocado duro, pues deben hacer de bebés o niños pequeñitos, con actitudes de falsete. Viven diciendo cosas de él, como si lo conocieran mejor que el resto de nosotros, y disfrutan de aparecer a cada rato en sus cuentos, el uno o la otra. Lo que Alexis hace es escribirnos y ya, y una que otra vez nos sentimos bien por él cuando otra persona nos lee. Cada vez que él nos lee todos queremos lucirnos, cosa que no pasa con otro, pues somos y ya está. No hay nada como ser uno mismo a pesar de ser tan poco. O secundario, como es mi caso. A los Morochos sí les afecta, claro, porque son como niños, y se desviven por Alexis, como si fuera su padre. Hasta los que no tienen nombre (Protagonistas muchas veces, a quienes llamamos Los Anónimos de tal u otro cuento) y quienes han salido sólo una vez en las historias de Alexis saben, como yo lo sé también, que sí favorece a los chamos. Parece que se sintiera culpable por algo, porque hay también muertos y asesinos. Y zancudos, siempre hay zancudos. Pero me he desviado del tema. Como iba diciendo, soy, precisamente, mi apellido. Es lo único constante o visible en mí, por lo cual pienso a veces que no soy más que eso. El problema es que ahora, ahorita mismo, estoy hablando y pensando. Estoy siendo, por decirlo de manera cartesiana. No sé si digo las cosas porque Alexis las haya puesto en mí o si las pienso a partir de los cuentos de él en los que he estado y de los que me han dicho los otros (Nos reunimos en un bar aquí cerca, con un parque para Los Morochos y televisión por cable, no importa si uno no bebe, y hablamos). En verdad que no sé por qué soy así o tan siquiera por qué soy. Estoy seguro de que Alexis tampoco lo sabe. Si lo supiera no pondría a ciertos personajes a pasar por ciertas situaciones. Cuando cambió Mijares por Müller aún no lo sabía, pero luego me consiguió en otro lado y se sorprendió. Recordó que estaba aquí y allá, y se dio cuenta de que lo estoy observando, por lo que perdí mi condición furtiva. Ya lo sabe. Puedo sentirlo. Ahora está escribiendo otra cosa y cada vez que lo haga me sentirá venir y me eludirá sólo mientras pueda. Ahora piensa en mí y ya no seré un personaje secundario, no. Después de este texto no puedo volver a serlo. Alexis sabe que lo estoy vigilando. TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://fotpro.spaces.live.com/blog/cns!BA047BDB9CBAB5AA!186.trak Weblogs that reference this entry
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